Archivos Mensuales: enero 2012

Pasito a paso…

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Gracias a Ana me he dado cuenta que aún no había comentado como va nuestro pequeño camino hacia la “desintoxicación” comercial.

Lo primero que me he encontrado,  un positivismo de mi hijo que no esperaba. Todo cambio en la mentalidad de una persona siempre influye en los que le rodean, pues en mi caso concreto ha sido mi hijo el mayor beneficiado.

Al  interiorizar ese cambio,  la percepción del mundo que mi hijo percibe por mí ha cambiado. Es impresionante ver como en poco tiempo sus prioridades, sus gustos incluso sus metas están siendo modificados. Evidentemente no puedo bajar la guardia, son muchos años a mis espaldas con una visión diferente de las cosas, así que no me puedo creer que en tan poco tiempo lo haya solucionado, sería una inconsciente, pero si me agarro a esta pequeña sensación de “triunfo” para darme ánimos y pensar que todo se puede conseguir.

Lo más importante, no hemos sentido la necesidad de tener que acudir a ningún centro comercial, en las ocasiones en que se nos ha presentado la opción, de forma natural la hemos rechazado, en consenso, sin presiones por ninguno de ambos lados, dialogando y llegando a la misma conclusión, sencillamente no nos hace falta.

Pero como en todo el destino siempre nos juega malas pasadas. En nuestro caso a través de los libros. Nuestra librería de cabecera se encuentra en un centro comercial. Aunque ahora vamos mucho más a las bibliotecas, un bolsillo normal no da para tanto libro como leemos, no dejamos de adquirir nuevas obras, al menos una o dos veces al mes. Evidentemente la opción más lógica sería cambiar de librería, puesto que esta no deja de pertenecer a una gran cadena, pero nos negamos. Todo su encanto reside precisamente en  las personas que trabajan allíl. Mi hijo se siente como en casa, con libertad para moverse, está como pez en el agua, le tratan con muchísimo cariño y eso no tiene precio.  Pero para rematar la historia tenemos al lado de la librería una de esas cadenas de jugueterías enorme, enfrente otra. Pues aún con todo conseguimos ir tan solo a nuestra querida librería sin dejarnos arrastrar por su entorno.

Evidentemente vamos menos que antes, eso sí, cargamos más libros claro, pero manteniendo firme nuestro claro objetivo. Nos va saliendo de manera natural, sin que nos suponga grandes esfuerzos, y eso es lo más importante.

De paso analizamos las conductas humanas, ahondamos un poco en la filosofía y psicología básicas, observar a los niños como actúan, como les afecta todo el bombardeo mediático al que son sometidos, que prioridades surgen, como se van alejando de ellos mismos para convertirse en simples juguetes en manos ajenas. Sin criterio, solo el acumular, el fijarse cada vez objetivos consumistas más altos una vez conseguidas dichas metas. Una bola que no para, sino que se va haciendo cada vez más grande.

Ahora él también lo está viendo claramente, aunque le cuesta asimilarlo tal como lo hago yo, le llevo unos añitos de ventaja, pero es importante hacerlo así, porque veo que podría conventirse en otro futuro adulto infeliz e insatisfecho con todo lo que le rodea. Pasito a paso intentaremos que no sea así.

Foto: Marina Torchiari

 

Recta final

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Se presenta ya la recta final de las fiestas navideñas. Sin dejar de lado los excesos gastronómicos, que no son pocos, también “he despertado” ante la secuela de los excesos del consumo, que quizá sean mucho más graves desde mi punto de vista. Pero no por el mero hecho de comprar y regalar, que parece que estas fechas son las únicas para poder hacerlo, el resto del año queda relegado al simple cumpleaños u otro día de especial relevancia para la persona, no, ese ha sido sencillamente mi punto de partida, sino ver en lo que se podía convertir mi hijo si no salimos de esa rueda de infarto que por año se infla más y más.

Todos necesitamos algo que nos haga reaccionar,  que nos muestre lo que está pasando porque, en demasiadas ocasiones, estamos ciegos ante la realidad, sencillamente nuestro entorno nos lleva y dirige hacia la dirección que lleva la masa. Salirse de todo esto es muy complicado, ya vemos que son pequeños pasitos los que vamos dando en la dirección que cada uno cree la correcta, pero tenemos mil tropiezos para darnos cuenta que no es fácil, que ni mucho menos tenemos la batalla ganada y que al menor descuido caemos estrepitosamente.

Eso es lo que me ha pasado a mí este año, he visto como mi hijo no disfrutaba de la reunión familiar, en lo que simboliza esa cena (seas o no creyente, lo importante es juntarse con las personas que quieres y disfrutar de ese momento que no sabes si podrás volver a repetir el próximo año), solo pensaba en la llegada de este Papá Nöel cargado de juguetes y con la ilusión de tener todo lo que él tenía en mente. Por suerte, o por desgracia, no se han visto cumplido sus deseos al milímetro, por lo que he visto como se hundía en la más absoluta tristeza, esto hizo que me saltara la alarma interna que llevo y que hasta ese momento parecía estar latente.

No me había dado cuenta del rumbo que estaba tomando su vida, su ansia de consumo, contando con que no esá influenciado por ningún medio externo, excepto alguna visita a algún gran almacén.  Su prioridad es acumular, tener y yo no he querido verlo así hasta ahora. Evidentemente nuestra situación familiar ha fomentado esto, pero me he dado cuenta del error y trabajaremos ese punto.

No obstante mil familias con ambos padres estarán también en mi misma situación, intentar mediar entre el consumo, los ideales que tenemos y los deseos de los niños. En una sociedad en la que prima el consumo, en la que se da más valor al plástico que a la imaginación, a las maquinitas que al cartón reciclado, a todo lo que significa “tener entretenido al niño a cualquier precio” frente a “entretenerse con su hijo por encima de todo“, es fácil caer.

Pero esto que nos está pasando es solo mi reflejo, está claro que yo he fallado y él solo reproduce esto.  Quizá ha sido también mi manera de “enfrentar” la nueva situación, pero lo cierto es que me he dado cuenta de lo que esto estaba suponiendo en nuestro pequeño binomio familiar y sobre todo para él.  ¿Qué hacer entonces?, sencillamente tenemos todo un año para trabajar desde la base, comenzar primero por mí, luego todo saldrá solo, como siempre ha pasado.

Este año será de cambios, para ello comenzaremos por evitar la “tentación”, ya habíamos dejado de ir a los grandes almacenes durante esta época, decidido en consenso, lo tendremos que ampliar para el resto del año, por ambos. Ahora nos queda trabajar mucho con materiales nobles, realizar nuestros propios juguetes (una idea que le está apasionando) y disfrutar de la compañía de las personas a las que queremos. En una palabra, salirnos del todo del redil. ¡Todo un reto!

Conseguirlo no será fácil, pero con la ayuda de nuestra tribu, un pelín que ponga la familia de su parte y mis ganas, seguro que lo logramos.

Continuará….

 

Salida al Parque Juan Carlos I, miércoles

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Dado que el tiempo nos sigue acompañando, hemos pensado realizar otra salida para este miércoles. Pero vamos a cambiar de lugar, la propuesta es ir al Parque Juan Carlos I en Madrid. La idea es estar allí sobre las 14:30h. Nosotros comeremos tempranito y llevaremos algo para picar durante la tarde, porque no es que nos apetezca mucho realizar un pic-nic, comer frío no apetece demasiado. No se exactamente en que lugar quedar, nosotros iremos en coche desde la M-40 por lo que intentaremos aparcar lo más cerca posible de la entrada al Parque pero por esa zona, para no perdernos demasiado.

Como siempre os indico, disponemos de un número de teléfono para todas aquellas personas que quieran unirse a la salida, solo tenéis que mandarnos un correo solicitando dicho número, así estaremos en contacto en todo momento.

Lo dicho, nos vemos el miércoles y FELIZ AÑO a todos.